Para el primer día de este evento, que
ya cumple 10 años, llegué pasadas tres horas de su apertura con muchas expectativas, sobretodo por la experiencia del año pasado, bastante pobre en cuanto a logística, atención, material e infraestructura. Lo primero que uno notaba al hacer un recorrido inicial por los pasillos, baños y
stands era que los problemas de infraestructura habían sido resueltos, como debía ser en un evento de tal magnitud y un
centro comercial de altas pretensiones.
Lo segundo que quedaba en la mente era que el resto de los problemas los seguían abrumando: la exposición de apertura se retrasó dos horas, no había copa de obsequio para quienes teníamos acreditación de prensa (o
medios, yo fuí como representante del blog
La Casa de Antociano) y la que tenían para la venta era, en una palabra, triste; los
stands aún no estaban equipados por completo y el programa que entregaban, para los pocos que pudieron obtener uno, era una fotocopia mal hecha y difícil de leer. Apartando lo anterior se puede decir que sí se notaba una mejoría general respecto al año anterior, sólo que uno esperaba que el cambio de organizadores hubiese elevado la experiencia por encima de una «simple mejoría». También puede suceder que con estos cambios menores se cumplían las expectativas de resultados económicos y de mercadeo que estaban esperando; todo es posible.